miércoles, 6 de julio de 2016

"Susto" - Juan Ramón Jiménez (fragmento)

Era la comida de los niños. Soñaba la lámpara su rosada lumbre tibia sobre el mantel de nieve, y los geranios rojos y las pintadas manzanas coloreaban de una áspera alegría fuerte aquel sencillo idilio de caras inocentes. Las niñas comían como mujeres; los niños discutían como algunos hombres. Al fondo, dando el pecho blanco al pequeñuelo, la madre, joven, rubia y bella, los miraba sonriendo. Por la ventana del jardín, la clara noche de estrellas temblaba, dura y fría.

De pronto, Blanca huyó, como un débil rayo, a los brazos de la madre. Hubo un súbito silencio, y luego, en un estrépito de sillas caídas, todos concurrieron tras de ella, con un raudo alborotar, mirando espantados a la ventana.

¡El tonto de Platero! Puesta en el cristal su cabezota blanca, agigantada por la sombra, los cristales y el miedo, contemplaba, quieto y triste, el dulce comedor encendido.


lunes, 6 de junio de 2016

Celebración de la fantasía.

Fue a la entrada del pueblo de Ollantaytambo, cerca del Cuzco. Yo me había despedido de un grupo de turistas y estaba solo, mirando de lejos las ruinas de piedra, cuando un niño del lugar, enclenque, haraposo, se acercó a pedirme que le regalara una lapicera. No podía darle la lapicera que tenía, por que la estaba usando en no sé que aburridas anotaciones, pero le ofrecí dibujarle un cerdito en la mano.

Súbitamente, se corrió la voz. De buenas a primeras me encontré rodeado de un enjambre de niños que exigían, a grito pelado, que yo les dibujara bichos en sus manitas cuarteadas de mugre y frío, pieles de cuero quemado: había quien quería un cóndor y quién una serpiente, otros preferían loritos o lechuzas y no faltaba los que pedían un fantasma o un dragón.

Y entonces, en medio de aquel alboroto, un desamparadito que no alzaba mas de un metro del suelo, me mostró un reloj dibujado con tinta negra en su muñeca:

-Me lo mandó un tío mío, que vive en Lima -dijo

-Y anda bien -le pregunté

-Atrasa un poco -reconoció.

miércoles, 11 de mayo de 2016

Para describir mejor...

Aquí van algunos adjetivos para que no tengan que volver a preguntar: "¿Cómo se dice cuando
una persona es...?"; para que no se queden cortos y, además, sean creativos a la hora de tildar, caracterizar, motejar, tratar de atribuir cualidades e incluso vituperar y criticar.

Cada columna enumera adjetivos que califican una parte de la cabeza de las personas. Pero en
cada columna hay una palabra que no corresponde. Metan la nariz en estas listas y busquen a
la intrusa.



"El hombre en el pasaje"(fragmento).

"El otro caballero no era tan alto, aunque a nadie hubiera podido impresionar como bajo,
sino simplemente como vigoroso y apuesto. Su cabello, ondulado también, era en cambio
rubio y lo usaba muy corto sobre un cráneo macizo y fuerte... Uno de esos cráneos con los
que se podría romper una puerta, como decía Chaucer acerca del Molinero. Su bigote mar-
cial y el porte de sus hombros denunciaban al soldado; pero tenía un par de esos peculiares
ojos azules, francos y penetrantes, que suelen ser más comunes en los marinos. Su cara era
un poco cuadrada, así como también sus mandíbulas, sus hombros y hasta su chaqueta."


Retrato incluido en "El hombre en el pasaje", un cuento de G. K. Chesterton.

domingo, 8 de mayo de 2016

Lázaro. (Mario Benedetti)

Un tal Lázaro Vélez se incorporó en su tumba, se despojó lentamente de su sudario, abandonó el camposanto y empezó a caminar en dirección a su casa. A medida que iba siendo reconocido, los vecinos se acercaban a abrazarlo, le daban ropas para que cubriera su desnudez, lo felicitaban, le palmeaban la espalda huesuda.

Sin embargo, a medida que la voz se fue corriendo, la bienvenida ya no fue tan cálida. Un hombre que había ocupado su vacante en la sucursal de Correos, le increpó duramente: "Tu regreso no me alegra. Vas a reclamar tu puesto y quizás te lo den. O sea que yo me quedaré en la calle. Recuerda que en mi casa tengo cinco bocas para alimentar. Prefiero que te vayas".

La viuda de Lázaro Vélez, que, pasado un tiempo prudencial, se había vuelto a casar, le incriminó: "¿Y ahora qué? ¿Acaso pretendes que me condenen por bígama? Si quieres que sea feliz, desaparece de mi vida, por favor".

Un sobrino, que en su momento había heredado sus cuatro vacas y sus seis ovejas, le reprochó airado: "No pretenderás que te devuelva lo que ahora es legalmente mío. Vete, viejo, y no molestes más".

Lázaro Vélez resolvió no seguir avanzando. Más bien comenzó a retroceder, y a medida que desandaba el camino se iba despojando de sus ropas que al principio le habían brindado.
Por fin, un viejo amigo que lo reconoció y no le reprochó nada(quizá porque nada tenía) se acercó a preguntarle: "Y ahora, ¿a dónde irás?". Y Lázaro Vélez respondió: "A recuperar mi sudario".

Mario Benedetti, tomado de "Despistes y franquezas". Editorial
Sudamericana. Buenos Aires, 2005.

viernes, 22 de abril de 2016

El día llegó (Cuento de ciencia ficción 6°A)



En un lejano planeta llamado Marte, Moli Kaká (líder del ejército marciano) preparaba sus tropas para ir a la guerra interplanetaria contra los humanos.
En la oscura y fría noche, el señor Kaká se despidió de su familia, ya que no lo verían por algunos meses. Los que los humanos no sabían era que los marcianos los iban a atacar.
Mientras tanto, en la Tierra, el científico Ben Watson intentaba crear un arma que eliminara a los extraterrestres, ya que predecía que esto iba a ocurrir, pero le decían que estaba loco.
Desde la ventana de su casa-laboratorio se podía observar una luz resplandeciente y extraña. Esa luz provenía de la nave de los marcianos.
Enseguida el mundo entero se enloqueció y el ejército humano y el marciano estaban en guerra.
El señor Watson quería ir porque su sueño era conocer a los marcianos, pero los soldados del ejército humano no se lo permitían. El no se rindió, entonces
presionó un botón que estaba en el borde de la mesa y mágicamente apareció un robot , el cuál lo vistió con armaduras y le dio las armas que él seleccionó.
Al fin salió del laboratorio, se dirigió hacia donde los soldados se encontraban y se coló, porque si no, no lo hubieran dejado entrar.
Pero como él no estaba entrenado, no duró mucho en la guerra, porque nada puede vencer la súper tecnología de los marcianos.
- ¿Es el señor Watson?- preguntó un soldado
- Sí- respondió otro
En pocas horas el mundo se había destruido, ya no quedaba nada, sólo niebla, entonces los marcianos se fueron satisfechos.
Lo único que quedaba eran voces.
-Señora Mars,¿qué quiere comer hoy?-
-Señor Watson, ¿qué película quiere ver?-
-Señor Andrew,¿ le gustaría salir a caminar?-
Voces, eran voces robóticas de todas las casas que quedaban.
Es así como el fin de la humanidad había llegado.
En 2221 todo era normal en los humanos .Nadie pensaba que
existían los marcianos,pero un científico llamado Agustín siempre
creyó que existía la vida extraterrestre .
-Hola Agus !- Gritó Lucila con muchas ganas
-No me molestes , estoy estudiando -Malhumorado exclamó Agustín
-Ay , Agustín ¿Que te pasa ?- preguntó Lucila enojada
-Lo que me pasa es que yo respeto la creencias de los demás ,pero los demás no
respetan las mías ¿comprendes ?-Muy triste , con las lágrimas en los ojos ,respondió
Agustín
-Bueno ,Agus , lo que pasa es que ...-
-No ! Basta !,te pido por favor que te vayas -interrumpió Agustín
suspirando , Lucila se fue del lugar . 


Giulietta Dimperio.